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Mayo del 2004 Columna delgada
El psicópata: un camaleón en la sociedad actual
de Vicente Garrido
ISBN: 9788436818345
Mobbing: cómo prevenir, identificar y solucionar el acoso psicológico en el trabajo
de López Cabarcos y Vazquez Rodriguez
ISBN: 9788493582739
Mi jefe es un psicópata: por qué la gente normal se vuelve perversa al alcanzar el poder
de Iñaki Piñuel y Zabala
Anatomía de la agresividad humana
de Adolf Tobeña
Psicología Indice de artículos publicados en la Revista Identidades desde el año 2002 Hemeroteca

Las torturas en Irak y la psicopatía institucionalizada

Las asociaciones internacionales pro derechos humanos y los periodistas independientes no habían cesado de denunciar las atrocidades y los abusos que se venían produciendo en Irak y Afganistan: las taras genéticas originadas por el uso de bombas revestidas de uranio empobrecido en la primera guerra de 1991; los abusos sistemáticos a los que eran sometidos los prisioneros afganos encerrados en Guantánamo y los que se producían en las cárceles de Irak; las falsedades ideadas para justificar una guerra ilegal y guiada claramente por motivos estratégicos y económicos.

Pero en nuestras sociedades de la imagen, el escándalo no ha removido realmente a la opinión pública hasta que salieron a la luz las fotos de Abú Graib. Vejar sexualmente al vencido en la guerra, como está sucediendo en Irak, tiene tristemente una larga tradición en nuestra cultura. Someter y humillar al soldado no es nada nuevo: ya una vasija griega que conmemora la victoria de los griegos sobre los persas en el año 466 a.C. nos mostraba a un soldado inclinado y en espera de ser sodomizado por uno de los griegos victoriosos.

Violar a sus mujeres y matar a sus niños han sido también prácticas habituales en las guerras expansionistas: ya lo hacían los Cruzados en sus avances hacia oriente y los conquistadores de las Américas; sucedió en la Segunda Guerra Mundial, en la reciente guerra de Yugoslavia y sigue ocurriendo. Ha sido tradicionalmente una forma visceral e instintiva, no solo de aterrorizar al pueblo vencido y de arrebatarles sus bienes, sino también de conseguir que los genes del vencedor se impusieran sobre la población derrotada.

Lo contradictorio es que en el siglo XXI, después de que los derechos humanos hayan quedado firmemente establecidos en las constituciones de nuestros estados democráticos, sigan perviviendo estas formas ancestrales de dominación.

Los expertos del pentágono habían estudiado minuciosamente la psicología del hombre islámico para averiguar sus puntos débiles. Se dieron cuenta de que para aterrorizar a los presos y sacarles información serían formas efectivas de tortura feminizarlos vistiéndolos con ropas de mujer, sodomizarlos, obligarles a practicar sexo anal u oral entre ellos, desnudarlos ante mujeres y permitir que estas los dominaran y los trataran como a perros. Su soldadesca, carente de todo sentido crítico y siempre dispuesta a obedecer las órdenes de la jerarquía, lo hizo entre risas, retratándose entre los presos humillados y desnudos como si se tratara de un juego entre adolescentes que rivalizan para ver quién es más macho y más listo, como si fueran divertidas inocentadas de cuartel.

¿Cómo es posible esta falta de sensibilidad ante el dolor de otro ser humano? En psicología, este fenómeno recibe el nombre de psicopatía (o sociopatía). Los psicópatas mejor adaptados suele ofrecer una imagen encantadora e inteligente que les permite desenvolverse en la sociedad como peces en el agua; pero si analizamos sus autenticas motivaciones, percibimos que en realidad son sumamente manipuladores, mentirosos, egoístas y capaces de cualquier cosa con tal de alcanzar sus propios objetivos. Los psicópatas tienen una capacidad de empatía muy limitada, ya que no sienten remordimientos de conciencia haciendo sufrir a otros seres humanos si con ello consiguen lo que quieren; esto puede manifestarse, a su vez, en sus relaciones afectivas y sexuales, que suelen ser utilitarias e impersonales.

Observando la violencia cotidiana que se vive en muchos de nuestros ámbitos (familiares, laborales, políticos) llegamos a la conclusión de que nos encontramos en una sociedad un tanto psicópata; lo ocurrido en Irak y las fotos de Abú Graib no son más que un reflejo de ello. Con frecuencia quienes detentan el poder político y económico son seres fríos, calculadores e implacables con quienes se oponen a sus objetivos. No dudan en mentir para justificar sus propios actos: en este caso llaman lucha antiterrorista al terrorismo de estado, llaman liberación a la ocupación, llaman abusos a las torturas... igual que reivindican el "libre mercado" pero se permiten frivolamente boicotear los vinos franceses porque el parlamento francés decidió libremente no apoyar su guerra. No dudan en utilizar los resortes del poder para manipular la opinión pública del modo que ya hace mucho anunció proféticamente George Orwell en su novela 1984. Tratan a los individuos y a los grupos sociales como meros instrumentos para conseguir sus propios fines; con sus actos ofrecen modelos sumamente dañinos de lo que significa ser un triunfador, que se expanden por cada uno de los ámbitos de la sociedad.

Unicamente radicalizar los mecanismos democráticos, para así poder desalojar del poder a quienes muestren no ser dignos de detentarlo, podría ayudarnos a afianzar los principios ya expresados en la Declaración de Independencia de Estados Unidos (1776), aplicables a TODOS los seres humanos independientemente de su raza, su religión o su cultura:

Sostenemos como evidentes estas verdades: que todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre éstos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad; que para garantizar estos derechos se instituyen entre los hombres los gobiernos, que derivan sus poderes legítimos del consentimiento de los gobernados; que cuando quiera que una forma de gobierno se haga destructora de estos principios, el pueblo tiene el derecho a reformarla o abolirla e instituir un nuevo gobierno que se funde en dichos principios, y a organizar sus poderes en la forma que a su juicio ofrecerá las mayores probabilidades de alcanzar su seguridad y felicidad.

 

Mariano Domínguez

 

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