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Las asociaciones internacionales pro derechos humanos y los periodistas
independientes no habían cesado de denunciar las atrocidades y los abusos
que se venían produciendo en Irak y Afganistan: las taras genéticas
originadas por el uso de bombas revestidas de uranio empobrecido en
la primera guerra de 1991; los abusos sistemáticos a los que eran sometidos
los prisioneros afganos encerrados en Guantánamo y los que se producían
en las cárceles de Irak; las falsedades ideadas para justificar una
guerra ilegal y guiada claramente por motivos estratégicos y económicos.
Pero
en nuestras sociedades de la imagen, el escándalo no ha removido realmente
a la opinión pública hasta que salieron a la luz las fotos de Abú Graib.
Vejar sexualmente al vencido en la guerra, como está sucediendo en Irak,
tiene tristemente una larga tradición en nuestra cultura. Someter y
humillar al soldado no es nada nuevo: ya una vasija griega que conmemora
la victoria de los griegos sobre los persas en el año 466 a.C. nos mostraba
a un soldado inclinado y en espera de ser sodomizado por uno de los
griegos victoriosos.
Violar
a sus mujeres y matar a sus niños han sido también prácticas habituales
en las guerras expansionistas: ya lo hacían los Cruzados en sus avances
hacia oriente y los conquistadores de las Américas; sucedió en la Segunda
Guerra Mundial, en la reciente guerra de Yugoslavia y sigue ocurriendo.
Ha sido tradicionalmente una forma visceral e instintiva, no solo de
aterrorizar al pueblo vencido y de arrebatarles sus bienes, sino también
de conseguir que los genes del vencedor se impusieran sobre la población
derrotada.
Lo
contradictorio es que en el siglo XXI, después de que los derechos humanos
hayan quedado firmemente establecidos en las constituciones de nuestros
estados democráticos, sigan perviviendo estas formas ancestrales de
dominación.
Los
expertos del pentágono habían estudiado minuciosamente la psicología
del hombre islámico para averiguar sus puntos débiles. Se dieron cuenta
de que para aterrorizar a los presos y sacarles información serían formas
efectivas de tortura feminizarlos vistiéndolos con ropas de mujer, sodomizarlos,
obligarles a practicar sexo anal u oral entre ellos, desnudarlos ante
mujeres y permitir que estas los dominaran y los trataran como a perros.
Su soldadesca, carente de todo sentido crítico y siempre dispuesta a
obedecer las órdenes de la jerarquía, lo hizo entre risas, retratándose
entre los presos humillados y desnudos como si se tratara de un juego
entre adolescentes que rivalizan para ver quién es más macho y más listo,
como si fueran divertidas inocentadas de cuartel.
¿Cómo
es posible esta falta de sensibilidad ante el dolor de otro ser humano?
En psicología, este fenómeno recibe el nombre de psicopatía (o sociopatía).
Los psicópatas mejor adaptados suele ofrecer una imagen encantadora
e inteligente que les permite desenvolverse en la sociedad como peces
en el agua; pero si analizamos sus autenticas motivaciones, percibimos
que en realidad son sumamente manipuladores, mentirosos, egoístas y
capaces de cualquier cosa con tal de alcanzar sus propios objetivos.
Los psicópatas tienen una capacidad de empatía muy limitada, ya que
no sienten remordimientos de conciencia haciendo sufrir a otros seres
humanos si con ello consiguen lo que quieren; esto puede manifestarse,
a su vez, en sus relaciones afectivas y sexuales, que suelen ser utilitarias
e impersonales.
Observando
la violencia cotidiana que se vive en muchos de nuestros ámbitos (familiares,
laborales, políticos) llegamos a la conclusión de que nos encontramos
en una sociedad un tanto psicópata; lo ocurrido en Irak y las
fotos de Abú Graib no son más que un reflejo de ello. Con frecuencia
quienes detentan el poder político y económico son seres fríos, calculadores
e implacables con quienes se oponen a sus objetivos. No dudan en mentir
para justificar sus propios actos: en este caso llaman lucha antiterrorista
al terrorismo de estado, llaman liberación a la ocupación, llaman abusos
a las torturas... igual que reivindican el "libre mercado" pero se permiten
frivolamente boicotear los vinos franceses porque el parlamento francés
decidió libremente no apoyar su guerra. No dudan en utilizar los resortes
del poder para manipular la opinión pública del modo que ya hace mucho
anunció proféticamente George Orwell en su novela 1984. Tratan
a los individuos y a los grupos sociales como meros instrumentos para
conseguir sus propios fines; con sus actos ofrecen modelos sumamente
dañinos de lo que significa ser un triunfador, que se expanden por cada
uno de los ámbitos de la sociedad.
Unicamente
radicalizar los mecanismos democráticos, para así poder desalojar del
poder a quienes muestren no ser dignos de detentarlo, podría ayudarnos
a afianzar los principios ya expresados en la Declaración de Independencia
de Estados Unidos (1776), aplicables a TODOS los seres humanos independientemente
de su raza, su religión o su cultura:
Sostenemos
como evidentes estas verdades: que todos los hombres son creados iguales;
que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que
entre éstos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad;
que para garantizar estos derechos se instituyen entre los hombres los
gobiernos, que derivan sus poderes legítimos del consentimiento de los
gobernados; que cuando quiera que una forma de gobierno se haga destructora
de estos principios, el pueblo tiene el derecho a reformarla o abolirla
e instituir un nuevo gobierno que se funde en dichos principios, y a
organizar sus poderes en la forma que a su juicio ofrecerá las mayores
probabilidades de alcanzar su seguridad y felicidad.
Mariano Domínguez
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