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Noviembre del 2003 |
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Una lucerna hispanorromana |
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Se trata de una lucerna realizada en arcilla pintada; una lámpara sencilla y utilitaria en cuya parte superior se ha modelado en relieve a dos personajes, se supone que masculinos, sumidos en una penetración anal. El penetrador se halla desnudo y sostiene con una mano la cadera del penetrado, éste con el torso vestido vuelve la cabeza hacia su compañero con gesto expresivo, mientras se apoya en una especie de mueble. La representación es bastante rudimentaria y esquemática, y pese a todo se percibe a la perfección el acto ejecutado. Recuerda más la estética del mundo ibérico que a la perfección romana. La cerámica pintada ya era conocida por parte de los Iberos antes de la conquista romana, por lo que sus motivos autóctonos se van a ver reflejados en la época Imperial, momento de una alta producción de estos objetos en la península. La pieza a la que hacemos referencia pertenece a un conjunto hallado en Arcóbriga (Monreal de Ariza, Zaragoza) de cerámica común, que imita formas en metal o cerámica de lujo, sin llegar a su perfección. El tema en sí no tendría nada de raro, algunas imágenes como ésta nos han dejado diversas culturas, a no ser lo extraño del soporte cerámico. Una lucerna es un objeto pequeño y para uso íntimo, por tanto, en ese mínimo espacio se nos está documentando sobre un aspecto de los sentimientos de una sociedad que vivió en el siglo I. Las fuentes locales, autóctonas, más el paganismo romano, han aportado a la historia esta pieza utilitaria, doméstica, una llama mil veces encendida.... Pero, a finales del siglo I, surgen en la decoración de las lucernas los motivos cristianos. La nueva religión aplica a partir de entonces los iconos de su doctrina, y en ella no estaba precisamente exaltar la variedad de pasiones de la que el hombre dispone o puede disponer.
Mª Dolores A. Fernández
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