Detalle de la Capilla Sixtina
Revista Identidades Casa del Libro
Columna
Página principal
Terapia sexual
Consulta on-line
Archivos
Revista
Libreria

Febrero del 2004 Columna delgada
Deshacer el género
de Judith Butler
Cristianismo, tolerancia y homosexualidad
de John Boswell
Según Natura: la bisexualidad en el mundo antiguo
de Eva Cantarella
Homosexualidad y familia
de Félix López
El mito del andrógino
de Jean Libis
Psicología Indice de artículos publicados en la Revista Identidades desde el año 2002 Hemeroteca

La adopción en familias homoparentales

Toulouse Lautrec. Mujeres bailandoLas familias homoparentales (aquellas en las que uno o ambos miembros de la pareja es homosexual) son una realidad creciente en nuestra sociedad, en la que el concepto de familia ha evolucionado. Las forman hombres o mujeres que tras el divorcio obtienen la custodia de sus hijos y, posteriormente, comienzan una relación homosexual. Tambien mujeres lesbianas que deciden tener hijos fuera del matrimonio tradicional, y los crian a solas o con la participación de otras personas.

Un caso especial son las personas o parejas homosexuales que han logrado adoptan niños huérfanos, a pesar de las trabas que suelen poner los organismos encargados de otorgarla; la práctica habitual sigue siendo denegar automáticamente la adopción si se descubre o se intuye la homosexualidad del solicitante, aunque no exista ninguna base real para pensar que la orientación sexual de los padres influya negativamente en la crianza.

Recientemente el tribunal de Familia de Navarra ha tomado una decisión muy sensata, con objeto de proteger a dos gemelas, hijas de una pareja de mujeres: ha admitido la maternidad conjunta. Biológicamente son hijas de una de ellas, la primera que quedó embarazada tras someterse ambas a un tratamiento de inseminación artificial. Son pareja de hecho desde hace más de siete años y llevan a cabo la crianza juntas. El juez aplica la Ley de Parejas de Navarra, que admite «la adopción conjunta, por quienes integran una unión libre de pareja, con independencia de la identidad sexual de los adoptantes», y que considera pareja estable «la unión libre y pública, en una relación de afectividad análoga a la conyugal, con independencia de su orientación sexual, de dos personas mayores de edad o menores emancipadas». Leyes de Pareja como la vasca, la catalana y la aragonesa, reconocen similares derechos, aunque han sido recurridas por el Gobierno de Aznar ante el Tribunal Constitucional. Dado que la Constitución Española reconoce igualdad de derechos, es de esperar que no se acepten estos recursos.

Los niños que crecen en estos nucleos familiares homoparentales, deben recibir la misma protección que el resto de los niños. Sin esta resolución judicial, las gemelas quedarían legalmente huérfanas si la madre biológica muriese; su compañera tendría muy pocas posibilidades de conseguir la tutela de sus propias hijas, aunque mantengan fuertes vínculos afectivos, y antes irían a un centro de acogida público, o quedarían en manos de la familia política. Podría perder la vivienda si el contrato de alquiler o la propiedad no está a su nombre. Y en caso de separación, las niñas quedarían desprotegidas: se verían privadas de la pensión alimenticia, y del derecho de ver a su madre no biológica.

Aunque este auto judicial es irreprochable en su respeto a los derechos del niño, y en su neutralidad en cuanto a la orientación sexual de los miembros de la pareja, además de ajustarse adecuadamente a nuestra realidad social... parece que ha suscitado un gran revuelo. La conferencia episcopal y los defensores de la familia tradicional, se han apresurado a censurarlo. Piensan que para proteger la familia heterosexual y reproductiva que garantiza la pervivencia de nuestra especie, es necesario combatir, desautorizar y arrebatar sus derechos a los otros tipos de unidades familiares.

Conviene recordar que los enlaces entre personas del mismo sexo existieron en la Grecia y Roma antiguas; eran ceremonias públicas en las que su grupo social avalaba y celebraba la unión de la pareja. Esta costumbre pervivió en Europa hasta el siglo XIV, hasta que este tipo de bodas fueron prohibidas, ya que se quiso imponer como único modelo de matrimonio aceptable el heterosexual y reproductivo. Curiosamente, los mismos que hoy tanto se escandalizan ante esta realidad humana, parecen querer olvidar que es la carestía de la vivienda y la falta de trabajo estable lo que está impidiendo a las parejas jóvenes formar una familia y tener hijos en la España actual. Culpar de todos los males a las parejas de hecho, a las minorías o a la revolución sexual de los años sesenta... no son más que maniobras de distracción.

Algo que repiten mucho quienes se niegan a reconocer las parejas homoparentales, es que el matrimonio tiene que ser entre hombre y mujer. Se oponen a la adopción por parte de las parejas de homosexuales, asegurando que para formar su identidad de género, el niño necesita un padre y una madre, ya que la carencia de uno de los modelos (el masculino o el femenino) puede llegar a producir graves problemas de personalidad -según ellos- e inclinar a los niños adoptados hacia la homosexualidad. Pero ningun estudio confirma estos temores. Los realizados en países como Estados Unidos, Canada, Bélgica, Suecia, Reino Unido y España, coinciden en sus conclusiones: los chicos y chicas que crecen en familias homoparentales no manifiestan ninguna diferencia de personalidad, ni en su desarrollo intelectual, respecto a los que provienen de familias heteroparentales; su identidad sexual, su identidad de género y su orientación sexual no se ven condicionadas por la de sus padres; las relaciones sociales y la integración en la escuela es la normal en la gente de su edad. La única diferencia significativa que se ha encontrado en estos chicos y chicas puede considerarse una ventaja, ya que muestran una mayor flexibilidad en los roles de género y una mayor aceptación de la diversidad sexual que sus compañeros.

Lo cierto es que, si un niño ha perdido a sus padres biológicos, o ha sido abandonado por ellos, lo que necesita es un grupo de personas que atiendan sus necesidades materiales y afectivas. A la hora de decidir si se da en adopción un niño, deben tenerse en cuenta los verdaderos factores que garanticen su bienestar.

 

Miguel Arroyo

 

Subir arriba