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Abril del 2005 |
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Acuarelas eróticas de la antigua China |
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Un ejemplo de las distintas demostraciones del amor en la China de finales del XVIII y primeros del siglo XIX se mostraron en la galería de la calle Pelayo 47, en el popular barrio madrileño de Chueca. Esta primicia que se nos ofrece en pequeños dibujos a la acuarela, forman parte de una exposición que recoge tres líneas principales sobre las que rueda la existencia humana: La Ley, el Amor y el Trabajo en la Antigua China, es el nombre de la exposición. Si a la ley le acompaña el castigo, y al trabajo el orden social, con respecto al Amor el taoísmo es su principio rector. Las imágenes que occidente consideraba pornografía, en China ilustraban una forma de vida íntima y natural, excluida de prejuicios. Como el Amor y el Taoísmo son conceptos inseparables en la Antigua China, también este pensamiento filosófico-religioso impregna la práctica de la pintura.
Precisamente uno de los fundamentos de su estilo artístico es evitar lo vulgar, una exigencia que se demanda también de la poesía, como manifestaciones humanísticas que ambas son. Estos dibujos eróticos demuestran ese refinamiento, limpieza de ejecución y una sutileza que son peculiaridades de una civilización que además entiende la expresión del amor de forma abierta, sin tabúes; y que es capaz de describir las artes amatorias con toda minuciosidad, como momentos sustanciales de la misma vida y de la actividad diaria.
Hay elementos en estas imágenes que se repiten: los pies vendados y menguados de las mujeres nobles y de alta alcurnia; el voyeurismo, que entraña la mirada desde fuera de un observador; la unión de la música y el amor, o de la poesía. El acto sexual, antes que relación puramente carnal, se acompaña de estímulos, de sonidos y de una atmósfera propicia para la unión perfecta y armónica entre dos fuerzas contrarias y complementarias: el Yin y el Yan: lo femenino y lo masculino, los dos extremos por los que se rige el universo.
A la inicial funcionalidad de estos dibujos eróticos se superpone hoy el puro goce visual de la imagen, y la constatación de la universalidad e intemporalidad del amor. Estos dibujos, delicadamente pintados a la acuarela por autores anónimos, quizá formen parte de la ilustración de tratados chinos que, como por ejemplo Sou Un King, Su Un Fang, Yu Fang Mi Ju, describen escrupulosamente los actos del amor; una práctica concebida a su vez como una experiencia espiritual y artística: Una lección en busca de la total y perfecta culminación del Amor.
Mª Dolores A. Fernández
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