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Textos contra sodomitas de la Inquisición de Valencia
(siglos XVI y XVII)

columna fina
ISBN: 9788478449026
Arte y erotismo en el mundo clásico
de Carmen Sánchez
ISBN: 9788497421393
El jardín de Venus: cuentos eróticos y burlescos con una coda de poesías verdes
de Felix Maria Samaniego
ISBN: 9788408065616
Tu sexo es aún más tuyo
de Sylvia de Bejar
Manual del sexo iluminado: habilidades sexuales para el amante superior
de David Deida
ISBN: 9788467020571
Por amor al deseo: historia del erotismo
de Gregorio Morales
 

     Causa de Francisco Roca (1651)

  

Francisco Roca, natural de Perpiñán, vecino de Valencia, de edad de 24 a 25 años, alto de cuerpo, rubio, lampiño de barba, ojos pequeños, fue testificado el año 1649 por cuatro testigos formales en parte, los tres mujeres menores, la primera lo es del reo, la segunda esclava de casa, la tercera, prima de la mujer, el cuarto, varón de 22 años, cochero del reo, que deponen.

Conviene a saber, las tres mujeres, ama, esclava y prima igual y formalmente que el reo dormía aparte con hombres amigos suyos que traía a su casa y los regalaba y nombraron dos de ellos el uno capitán, y el otro alférez, que estaban ya ausentes, y que el capitán, le vieron una noche boca abajo encima del reo, que estaba boca arriba en la cama ambos durmiendo, y la esclava añade que se besaban y dormían la siesta y los sentía resollar, y después de ido el capitán trujo el alférez y dormía con él y que se besaban el reo y los hombres que traía a casa, y al hombre con quien dormía después de haberse ido el capitán, le pedía celos el reo y él le llamaba "puta probaba, pícara, qué me pides celos", dando a entender que el reo tenía tanta natura como una mujer, y tan grande, y que por esto y no dormir con la suya, la testigo le tenía por mujer, y el cochero dice que su amo dormía con el alférez, y en este artículo y tratos carnales con hombres concluye la mujer del reo diciendo que habiendo tenido noticia de que su marido era hermofodrita (sic), le acechó catorce o quince veces cuando dormía con hombres y sentía que hacía acciones el marido como si estuvieran juntos hombre y mujer y por esto presumía que no era hermofodrita ni servía para hombre, sino que cometía con ellos el pecado nefando siendo paciente (...)

[Se recibe la deposición de un testigo de Madrid contra el acusado] sobre que siendo mujer andaba en hábito de hombre fingiendo serlo y que como mujer había tenido, y tenía, conversación carnal con unos mozos que nombró, estando amancebado con ellos, en que después a instancia nuestra se examinaron seis testigos (...) El segundo testigo, de edad de treinta y ocho años, dijo que el reo era casado en esta ciudad y que le conocía desde Nápoles camarada de un barbero, ya otros había oído decir en Nápoles que era mujer, y que después se habían vuelto a ver en Madrid el testigo y el reo y posaron juntos en la posada de Jusepe del Monte, lacayo del Rey, y este testigo le escribía las cartas para su mujer, y que de allí a cinco meses, habiéndose venido el reo a esta ciudad, volvió a Madrid en compañía de Mosén Josepe Rodríguez, clérigo de menores ordenes, y todos tres posaron juntos en dicha posada, durmiendo el reo en cama aparte y los dos en otra cerca della, en un aposento donde había venido el capitán Fonseca, mozo de veintidós años, a visitar al testigo, y que el reo, sin haberle visto otra vez, le agasajó y convidó a comer, y que des te convite había resultado convidarlo también a dormir todo el tiempo que estuviese en la corte, como lo hizo, durmiendo con él en su cama, haciéndole el gasto, y que cuando el reo se fue de Madrid, le había llevado consigo y pagado la mula, y que casi todas las noches que durmieron juntos, que habían sido más de veinte, oía que el reo le requebraba al capitán y le decía mi vida y mi alma y otros requiebros diferentes, y que después de haberse los dos ido de la corte, el testigo contó lo referido al barbero que le conocía de Nápoles ya el maestro donde estaba y su mujer, y todos tres habían convenido que era mujer, citando a otro que lo sabía, a quien el testigo había hablado sobre ello y le había dicho lo mismo y que él había sido su amigo y galán muchos meses y le habíá puesto el cuerno con otro hombre; y que en otra ocasión, habría un año, habiendo el reo vuelto a la corte, se había enamorado con otro mozo llamado don Francisco de Avila, de diez y ocho años, y comía y dormía con él y le hacía el gasto y daba dineros hasta que se fue a la campaña, pagándole la mula y socorriéndole para el camino; y que preguntándole al don Francisco de Avila que cómo le iba con el reo y si era mujer, le había respondido que sí, y que muchas veces había tenido con ella acceso camal y le mataba, porque era un fuego vivo; y que la justicia había venido a la posada a prender a don Francisco de Avila porque estaba amancebado con el reo, y que habiéndolo sabido y para que creyesen que era hombre y no mujer, estando en la posada había sacado su miembro viril delante del testigo y de los dueños de la casa, tan grande y deforme, que quedaron admirados de verle, y se quejó del testigo diciendo que él había sido quien había publicado que era mujer (...)

Don Francisco de Avila, testigo séptimo, de edad de veintidós años, alférez de infantería con suplemento de capitán, examinado en Valladolid, dijo habría un año que estando en Madríd posó con el reo y don Alfonso su camarada, y que entre todos los de la posada estaba tenido en opinión de mujer, y durmiendo juntos en una cama le había conocido carnalmente, y porque era fogoso y le cansaba, se pasó a otra cama, y que como a mujer le había tratado y la tenía por tal, y le pedía celos al testigo si hablaba con otra y por ellos había reñido con él muchas veces, y le hacía el gasto, dándole de comer y cenar y dineros para lo que se le ofrecía, hasta que el testigo se fue a Aragón, donde se volvieron a ver en el ejército de Cataluña, y añadió que el reo en una ocasión le había confesado que era mujer y le solicitó para que durmiese con él, como lo había hecho, pero que nunca le tentó las partes vergonzosas porque dormía con armilla cerrada, aunque le había parecido que los pechos le hacían bulto. y en otra declaración, después, de su voluntad, declaró que había oído decir que era ermoafodrita (sic), si bien no usaba de otro sexo que el de mujer (...)

En primero de Febrero se hizo por dos médicos y dos cirujanos del oficio la segunda inspección pedida por el fiscal, y todos cuatro unánimes y conformes dijeron que el reo tenía en miembro natural de hombre con los testes según el estado natural de los hombres perfectos y que no tenía cosa alguna de mujer, y en lo tocante al orificio posterior, lo tenía lo gordo de un dedo mas hacia adelante de lo natural y acostumbrado y los músculos que sirven para cerrar el intestino recto y las partes carnosas de que se componían estaban firmes, duras y en estado natural, como había constado por la vista e instrumento del speculum ani, con que se había hecho la prueba, y que aquella parte estaba muy cerrada y en nada dilatada.

Archivo Histórico Nacional, Inq., libro 941, fol. 350-358 

  

Fin  

Fuente: Rafael Carrasco. Inquisición y represión sexual en Valencia. Ed. Laertes (1985)
  


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