Quien tanto
se precia de servidor de vuesa merced, ¿qué le podrá ofrecer sino cosas
del culo? Aunque vuesa merced le tiene tal, que nos lo puede prestar
a todos. Si este tratado le pareciere de entretenimiento, léale y pásele
muy despacio y a raíz del paladar. Si le pareciere sucio, límpiese con
él, y béseme muy apretadamente. De mi celda. etc.
No
se espantarán de que el culo sea tan desgraciado los que supieren que
todas las cosas aventajadas en nobleza y virtud, corren esta fortuna
de ser despreciadas de ella, y él en particular por tener más imperio
y veneración que los demás miembros del cuerpo; mirado bien es el más
perfecto y bien colocado de él, y más favorecido de la Naturaleza, pues
su forma es circular, como la esfera, y dividido en un diámetro o zodíaco
como ella. Su sitio es en medio como el del sol; su tacto es blando;
tiene un solo ojo, por lo cual algunos le han querido llamar tuerto,
y si bien miramos, por esto debe ser alabado pues, se parece a los cíclopes,
que tenían un solo ojo y descendían de los dioses del ver. El no tener
más de un ojo es falta de amor poderoso, fuera de que el ojo del culo
por su mucha gravedad y autoridad no consiente niña; y bien mirado es
más de ver que los ojos de la cara, que aunque no es tan claro tiene
más hechura. Si no, miren los de la cara, sin una labor; tan llanos
que no tienen primor alguno, como el ojo del culo, de pliegues lleno
y de molduras, repulgo y dobladillos, y con una ceja que puede ser cola
de algún matalote, o barba de letrado o médico. Y así, como cosa tan
necesaria, preciosa y hermosa, lo traemos tan guardado y en lo más seguro
del cuerpo, pringado entre dos murallas de nalgas, amortajado en una
camisa, envuelto en unos dominguillos, envainado en unos gregüescos,
abahado en una capa, y por eso se dijo: «Bésame donde no me da el sol».
Y no los de la cara, que no hay paja que no los haga caballeriza, ni
polvo que no los enturbie, ni relámpago que no los ciegue, ni palo que
no los tape, ni caída que no los atormente, ni mal ni tristeza que no
los enternezca. Lléguense al reverendo ojo del culo, que se deja tratar
y manosear tan familiarmente de toda basura y elemento ni más ni menos;
demás de que hablaremos que es más necesario el ojo del culo solo que
los de la cara; por cuanto uno sin ojos en ella puede vivir, pero sin
ojo del culo ni pasar ni vivir.
Lo otro sábese
que ha habido muchos filósofos y anacoretas que, para vivir en castidad,
se sacaban los ojos de la cara, porque comúnmente ellos y los buenos
cristianos los llaman ventanas del alma, por donde ella bebe el veneno
de los vicios. Por ellos hay enamorados, incestos, estupros, muertes,
adulterios, iras y robos. Pero ¿cuándo por el pacífico y virtuoso ojo
del culo hubo escándalo en el mundo, inquietud ni guerra? ¿Cuándo, por
él, ningún cristiano no aprendió oraciones, anduvo con sinfonías, se
arrimó a báculo ni siguió a otro, como se ve cada día por falta de los
de la cara que expuestos a toda ventisca e inclemencia, de leer, de
fornicar, de una purga, de una sangría, le dejan a un cristiano a buenas
noches? Pruébenle al ojo del culo que ha muerto muchachos, caballos,
perros, etcétera; que ha marchitado hierbas y flores, como lo hacen
los de la cara, mirando lo ponzoñosos que son: por lo que dicen que
hay mal de ojo. ¿Cuándo se habrá visto que por ser testigo de vista
hayan ahorcado a nadie por él, como por los de la cara, que con decir
que lo vieron forman sus calumnias los escribanos? Fuera de que el ojo
del culo es uno y tan absoluto su poder, que puede más que los de la
cara juntos. ¿Cuándo se ha visto que en las irregularidades se metan
con el ojo del culo?
Lo otro, su vecindad,
es sin comparación mejor, pues anda siempre, en hombres y mujeres, vecino
de los miembros genitales y así se prueba que es bueno, según aquel
refrán: Dime con quien andas, te diré quien
eres. Él se acredita mejor con la vecindad y compañía que
tiene que no los ojos de la cara, pues éstos son vecinos de los piojos
y caspa de la cabeza y de la cera de los oídos, cosa que dice claro
la ventaja que les hace el serenísimo ojo del culo. Y si queremos subtilizar
más esta consideración, veremos que en los ojos de la cara suele haber
por mil leves accidentes, telillas, cataratas, nubes y otros muchos
males; mas en el del culo nunca hubo nubes, que siempre está raso y
sereno; que, cuando mucho, suele atronar, y eso es cosa de risa y pasatiempo.
Pues decir que no es miembro que da gusto a las gentes, pregúnteselo
a uno que con gana desbucha, que él dirá lo que el común proverbio,
que, para encarecer que quería a uno sobremanera, dijo: Más
te quiero que a una buena gana de cagar. Y el otro portugués,
que adelantó más esta materia, dijo: Que no
había en el mundo gusto como el cagar si tuviera besos. Pues
¿qué diremos si probamos este punto con un texto del filósofo que dijo:
No
hay contento en esta vida
que se pueda comparar
al contento que es cagar.
Otro dijo lo
descansado que quedaba el cuerpo después de haber cagado.
No
hay gusto más descansado
que después de haber cagado.
Los nombres
que tiene juzgarán que no tiene misterio. ¡Bueno es eso! Dícese trasero,
porque lleva como sirvientes a todos los miembros del cuerpo delante
de sí, y tiene sobre ellos particular señorío. Culo, voz tan bien compuesta,
que lleva tras sí la boca del que le nombra. Y ha habido quien le ha
puesto nombre gravísimo y latino, llamándole antífonas o nalgas, por
ser dos; otros, más propiamente, le llaman asentaderas, algunos, trancailo,
y no he podido ajustar por muchos libros que he revuelto para sacar
la etimología; lo más que he hallado es que se ha de decir tancahigo,
por lo arrugado y pasado que siempre está.
Con más facilidad
topé por qué se decía al lindo ojo del culo manojo de llaves:
por lo redondo del cabo y muchas molduras que hacen aquel mismo repulgo,
y viene bien con los que llaman cofre al culo, que es darle cerradura;
y en los animales vemos que la Naturaleza les cubre el culo con la cola
o rabo, para que como parte más necesaria y secreta, estuviera acompañado,
tapado y abrigado, y con mosqueador para de verano, y en las aves lo
mismo. Si miramos su ocupación, es hacer lo que ninguno nunca hizo ni
pudo: pues en este mundo todos hemos menester a otros para ser proveídos:
el alguacil al corregidor, el corregidor al oidor, el oidor al presidente,
el presidente al rey. Pero el culo se provee a sí mismo y aun en el
presidente, servidor por otro nombre (que así llaman al bacín), cosa
equívoca a los derretidos de las damas.
El culo no tiene
cosa común, ni aunque me pruebes que hace cámaras, a imitación de otros
muchos, pues lo que él hace son mojones, que son fin de términos, para
dar a entender que en llegando al culo no has de pasar adelante.
Háceme fuerza
que en las almonedas dicen: ¿Hay quién puje?;
que ni sé si convidan a cagar (propiamente entonces, pujar) o si a comprar;
con que es cierto que tiene grandes preeminencias, cuando se valen de
sus voces para otras cosas. Hasta los excrementos o mierda (pasa adelante,
porque no te empalagues con tan dulce plato) son de provecho, pues según
defienden los doctores galenistas y boticarios droguistas, son buenos
para desligar Cárdeno y Alberto los del lagarto para los ojos; los de
bestias, que llaman estiércol, es con lo que se fertilizan los campos,
y a quien debemos los frutos; la del gato de Algalia, no hay que probar
ni examinar cuánto es su valor y estimación; la mierda del buey, o boñiga,
para inmensos remedios es provechosa. Esto probado y asentado, ¿habrá
curioso alguno que diga que los ojos de la cara tienen alguna virtud?
Luego el ojo del culo, él por sí solo, es mejor y de más provecho que
los ojos de la cara.
Lo que dicen
del culo (los que tiene ojeriza con él) es que pee y caga, cosa que
no hacen los ojos de la cara; y no advierten lo cuitados que más y peor
cagan los ojos de la cara y peen que no el del culo, pues en ellos no
hay sumo que no lo caguen en cantidad de legañas, ni pesadilla o susto
que no meen con abundancia de lágrimas, y esto sin ser de provecho,
como lo que echa el culo, como ya queda probado.
Lo del pedo es
verdad que no lo sueltan los ojos; pero se ha de advertir que el pedo
antes hace al trasero digno de laudatoria que indigno de ella. Y, para
prueba desta verdad, digo que de suyo es cosa alegre, pues donde quiera
que se suelta anda la risa y la chacota, y se hunde la casa, poniendo
los inocentes sus manos en figura de arrancarse las narices, y mirándose
unos a otros, como matachines. Es tan importante su expulsión para la
salud, que en soltarle está el tenerla. Y así, mandan los doctores que
no les detengan, y por esto Claudio César, emperador romano, promulgó
un edicto mandando a todos, pena de la vida, que (aunque estuviesen
comiendo con él) no detuviesen el pedo, conociendo lo importante que
era para la salud. Otros dijeron que lo había hecho por particular respeto
que se debe al señor ojo del culo.
Pues decir que
no es bullicioso un pedo, ¡bueno es eso! ¿Hay otra cosa de más gusto
que ver en un concurso grande, si se suelta uno, el rumor que mete y
qué agudos acuden todos a taparse las narices, como está dicho, y otros
que más lo huelen, haciendo la disimulada toman tabaco?
Y es probable
que llega a tanto el valor de un pedo, que es prueba de amor; pues hasta
que dos se han peído en la cama, no tengo por acertado el amancebamiento;
también declara amistad, pues los señores no cagan ni se peen, sino
delante de los de casa y amigos. Y un portugués preguntando cuál era
la parte principal del cuerpo dijo que el culo, que se asentaba primero
que nadie y aunque fuese delante del rey.
Los nombres del
pedo son varios: cuál le llama soltó un preso,
haciendo al culo alcaide; otros dicen: fuésele
una pluma, como si el culo estuviera pelando perdices; otros
dicen: tómate ese tostón, como si
el culo fuera garbanzal. Otros dicen algo crítico: cuesco,
derivado de la enigma; y otros han dicho: Entre
peña y peña el alba, río que suena. De aquí se levantó aquel
refrán que dice: Entre dos peñas feroces, un
fraile daba voces. Y finalmente, dijo el otro: El
señor don Argamasilla cuando sale chilla.
Baste ya de probanzas
de la nobleza del señor don Pedo y pase por ahora plaza de don caballero
que porque no digan me revuelco demasiado no le acoto con otros muchos
lugares y autoridades.
Dejo de tratar
de los pedos degollados, si bien con esto conocerán de su hidalguía
y caballería y grandeza que tiene el culo en este caso. Pues su fortaleza
¿quién la encarecerá?, si es tanta, que de sólo limpiarse con un paño
delgado se deja de modo por las dos partes, que es más difícil de tomar
que la inclusa.
Y, volviendo
a los demás sentidos, digo que lo que se queda en el pañuelo de la boca
es gargajo, y lo de las narices moco, y lo de los ojos legañas, y lo
de los oídos cera; pero lo que queda del culo en la camisa es palomino,
nombre de ave muy regalada. Fuera de que los ojos no tienen cosa señalada
con que limpiarse; que a veces piden el pañuelo prestado a las narices
y a la boca, y otras se limpian con las manos, y al mismo tenor los
otros sentidos. Mas volviendo al culo, ¡qué de firmas de grandes señores
ha iluminado! ¡Qué papeles de los más íntimos amigos no ha visto! ¡Qué
de libros de los hombres más doctos ha gastado! ¡Qué de billetes de
damas ha firmado! ¡Qué de procesos importantes ha manchado! y ¡qué de
camisas de Cambray y Holanda ha teñido! Y al fin le han servido de limpiadera
las mejores y más hermosas manos del mundo, según aquél: la mano de
marfil es muy forzoso que al culo de su dueño haya llegado. Y lo merece
todo, porque también, sin ser abeja, hace cera o cerote (que así dicen
de los medrosos). Hasta las melecinas deben su ganancia al ojo, que
aunque no ve, algunos dijeron que veía Fulano la luz por el ojo del
culo de Zutano. Y en verdad que no es vista de invidiar.
De si tienen
alguna gracia o no los culos sería largo de contar, baste decir que
culos que se conocen, en la calle se saludan. Marcial dice que son saludadores
compressis narebus Jovem salutat,
que en español quiere decir: represando las
nalgas saluda a Júpiter, tratando de uno que se peió y por
eso algunos le dan tanta antigüedad que dicen: ¿Qué tiene que ver el
culo con el pulso? Como si dijeran de una cosa que no da cuidado ninguno
y muy con verdad comparándola a otra que de cada accidente se desconcierta.
Y si nos dilatamos
en esta materia será proceder infinito, sólo digo que en cuanto he hablado
y ponderado del culo aunque me queda el rabo por desollar, que sus gracias
son muchas y muy dignas de ponderación, como no son menores sus desgracias
siguientes.
Desgracias
del ojo del culo
PRIMERA
DESGRACIA: Enseña un ayo mugriento la lición a un descuidado
niño. Encomiéndasela a la memoria y como potencia vil pásasele y jugando,
olvida y en pena de lo que pecó la memoria abre el culo a azotes.
SEGUNDA:
Va un estudiante un madrugón a una viña, vendimia la mitad de ella,
lleva un lagar en el estómago, topa con una fuente y porque se lo pide
el gusto bebe hasta hartarse; pícase la sed y deshácese en cámaras y
págalo el ojo del culo.
TERCERA:
El otro mesurado o engullidor miserable, por comer de balde llenó tanto
el estómago que se ahitó movido del apetito y págalo el culo a puro
jeringazos.
CUARTA:
Tiene un mal curado enfermo modorra y porque el humor se le ha apoderado
de los sentidos y los descuidos que tuvo el poco prevenido médico, lo
paga el culo a puro sanguijuelas que lo sajan vivo.
QUINTA:
Sábese, según doctrina de muchos filósofos, que el regüeldo es pedo
malogrado y que hay algunos tan desdichados que no se les permite llegar
al culo, así lo enseña Angulo que no ha acabado de salir por la boca
cuando le dicen todos: ¡Vaya a una pocilga!, y cuando sale por
el ojo del culo todo es aplaudido y cuando más le dicen cuerno, como
otro tenía costumbre de decir cuando uno se peía: ¡Cuerno!, por ahí
comas carne, y por la boca mierda, y papá te vea la madre que te parió
porque te vea más medrado; en las sopas te lo halles como garbanzo,
con esa música te entierren, sabañones y mal de gamones, coz de mula
gallega, por donde salió el pedo meta el diablo el dedo, la víbora el
pico, el puerco el hocico, el toro el cuerno, el león la mano, el cimborrio
del Escorial y la punta de mi caracol te metan amén.
SEXTA:
Da el otro extranjero en caballerear, bizarrear y servir a damas y traer
mucha bambolla y fausto, falta a los negocios y pierde el crédito y
lo que pecaron los miembros genitales lo paga el inocente culo. Pues
al punto dicen: Fulano ya dió de culo.
SÉPTIMA:
Va el otro narciso, pisaverde a pie por la calle en tiempo de todos
y por más cuidado que pone en las chinas o piedras que están descubiertas
para asegurar los pies y andar de guija en guija, resbálase el pie y
hace pedazos el pobre culo y de más a más se hace una plasta de todo
lo que le coge de pies a cabeza.
OCTAVA:
Da el otro pobre a la media noche en tiempo de invierno una correncia
o evacuación de tripas y porque con la priesa que tiene no se acuerda
bien hacia donde quedó el brasero o barreño de la lumbre tropieza con
él y hace pedazos las piernas y el culo, cobrando con esta desgracia
enfermedad para muchos días.
NONA:
Tan desgraciado es el culo que hasta los animales les muerde el lobo
por él y en las monas se ve que porque quieren descansar y sentarse
a menudo se llenan el culo de callos y por eso han dado en decir: Fulano
tiene más callos que culo de mona.
DÉCIMA:
Viene el otro picarón a sentir el calor del verano y porque yéndose
a rascar la comezón de una ladilla frisona le estorbó el matarla una
horrenda población de pendejos que topa hacia el culo, determina de
matarlas con unas tijeras y teniendo las manos torpes y no ver lo que
hace ni poder sufrir más el ser puerco abre a tijeretazos el pobre culo.
UNDÉCIMA:
Viene la otra pobre casada o doncella a descubrir más de lo que fuera
menester su natural inclinación de ser puta, tiene celos de ello el
galán y causa cuidado al marido y por dar a entender que conocen la
fragilidad y imperfección del sujeto, dicen: «de res que se mea el rabo,
no hay que fiar».
DUODÉCIMA:
Dale al otro una apretura en la calle o cógele en la comedia, sale con
priesa a buscar dónde desbuchar, y porque no llegó tan presto a las
necesarias o le embarazó algún nudo ciego, emplástase o embadúrnase
de mierda el pobre culo.
DECIMATERCIA:
Viene el otro estudiante o platicante de medicina y al ir a ordenar
un medicamento a la cocina topa a la criada que se había hecho del ojo,
y ella por darle gusto y apagar el fomex de la concupiscencia y titilaciones
venéreas, empieza sus cernidillos y bamboleos, diviértese con el gusto
y acribilla a golpes el pobre culo de escalón en escalón.
DECIMACUARTA:
Vienen las Carnestolendas, alégranse las gentes en diferentes festines
y por no más de antojo de muchachos o pasatiempo de hombres ociosos
pagan los culos de los perros atándoles a la cola mazas diferentes.
DECIMAQUINTA:
Vese el otro pobre condenado toreador de a pie embestido del toro, vuélvese
para huir, túrbase o no salen los pies con presteza y por no salir ellos
presto desgárrale el toro al pobre culo.
DECIMASEXTA:
Va una vieja a echar una ayuda a un enfermo, ve poco, no la ha templado
bien, encájasela dos dedos del culo, y dale entre las nalgas con ella,
escáldale el culo que paga el pobre el descuido de la vieja borracha.
ÚLTIMA
DESGRACIA: Finalmente, tan desgraciado es el culo que siendo
así que todos los miembros del cuerpo se han holgado y huelgan muchas
veces, los ojos de la cara gozando de lo hermoso, las narices de los
buenos olores, la boca de lo bien sazonado y besando lo que ama, la
lengua retozando entre los dientes, deleitándose con el reír, conversar
y con ser pródiga y una vez que quiso holgar el pobre culo le quemaron.
Fin