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Nuestra ética
sexual

por Bertrand Russell

Russell, el pragmático pacifista

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Hay dos tendencias muy primitivas que han contribuido, aunque en grados diferentes, al advenimiento del código de conducta sexual corrientemente aceptado; una de ellas es el pudor, y la otra los celos, de los que ya hablamos antes. 

El pudor es prácticamente universal en el ser humano, y conforma un tabú que solo puede romperse siguiendo ciertas formas o ceremonias. No es, como han afirmado algunos autores modernos, un invento de la época victoriana; de hecho, los antropólogos han hallado entre los pueblos primitivos las formas más complejas de gazmoñería. El concepto de lo obsceno tiene profundas raíces en la naturaleza humana; podemos oponernos a él por amor a la rebeldía, por lealtad al espíritu científico o por el deseo de sentirnos malvados como le ocurría a Lord Byron, pero con ello no lo desarraigamos de la naturaleza humana. Sin duda son los convencionalismos los que determinan en cada grupo humano lo que se considera decente o indecente, pero el hecho de que exista universalmente uno u otro convencionalismo al respecto, evidencia que su origen está más allá de las convenciones. En casi todas las sociedades la pornografía y el Exhibicionismo son considerados delitos, excepto cuando, como ocurre frecuentemente, forman parte de las ceremonias religiosas.

El ascetismo, que puede estar conectado psicológicamente o no con el pudor, es una tendencia que parece surgir únicamente cuando se ha llegado a cierto grado de civilización, pero entonces puede hacerse muy poderosa.  No lo encontramos en los primeros libros del Antiguo Testamento, sino que aparece en los últimos, en los Evangelios Apócrifos y en el Nuevo Testamento. Del mismo modo, entre los griegos se dio poco en las épocas más primitivas, pero fue avanzando con el paso del tiempo. En la India nació muy pronto y tomó fuerza. No voy a hacer un análisis psicológico de su origen, pero no dudo que se trata de un sentimiento espontáneo que existe, hasta cierto punto, en todos los seres humanos civilizados. El deseo de liberar al espíritu de las servidumbres de la carne ha inspirado a muchas de las religiones del mundo y es aún muy poderoso entre los intelectuales modernos.

Sin embargo, en mi opinión son los celos el factor más importante en la génesis de la moral sexual. De modo instintivo, los celos provocan la cólera, y la cólera racionalizada se convierte en reprobación moral. El motivo puramente instintivo debe haber sido reforzado en una fase primitiva del desarrollo de la civilización, debido al deseo masculino de asegurarse la paternidad de sus hijos. Sin esta seguridad la familia patriarcal hubiera sido imposible, y la paternidad, con todas sus consecuencias económicas, no hubiera podido ser la base de todas las instituciones sociales. Este es el motivo por el cual se ha considerado malo tener relaciones con la mujer de otro hombre, pero no con una mujer soltera; condenar el adulterio tenía razones prácticas, hasta el punto de provocar el derramamiento de sangre. El asedio de Troya es un ejemplo extremo de las consecuencias que podía traer no respetar los derechos de los esposos; algo semejante, aunque a menor escala, era esperable en las clases menos poderosas. Sin embargo, no había en aquella época derechos equivalentes para las esposas; el marido no tenía deberes con respecto a su esposa, aunque sí se veía obligado a respetar la propiedad de los otros hombres casados. 

La antigua familia patriarcal, sustentada en esta ética de los sentimientos de la que hemos hablado, funcionaba satisfactoriamente: los hombres, que eran los que dominaban, gozaban de considerable libertad; la desdicha de las mujeres, que estaban totalmente sometidas, no parecía importante. La pretensión femenina de igualarse a los hombres es el factor que más ha contribuido en la creación de un sistema nuevo. La igualdad sexual tiene que ser asegurada de dos maneras: o bien exigiendo a los hombres una monogamia igual que la exigida a las mujeres, o bien permitiendo a las mujeres igual que a los hombres un cierto relajo del código tradicional. El primer camino fue el preferido por la mayoría de los precursores de los derechos de la mujer, y es aún el predilecto de las Iglesias; el segundo, sin embargo, es el que tiene en la práctica más partidarios, aunque les cueste justificar de modo teórico su postura. Quienes reconocen la necesidad de una nueva ética sexual encuentran difícil precisar cuales serán sus preceptos.  

Otra fuente de novedad es el efecto que han tenido los criterios científicos en el debilitamiento de los tabúes sexuales. Hemos llegado a comprender que muchos males, como las enfermedades venéreas, por ejemplo, no pueden combatirse eficazmente si no se habla de ellos mucho más abiertamente de lo que se ha permitido tradicionalmente. Así mismo, se ha descubierto que la reticencia a tratar el tema provoca ignorancia, y que todo ello suele tener efectos dañinos sobre la psicología individual. Los eruditos, influidos por la sociología y el psicoanálisis, lamentan el silencio que ha envuelto los asuntos sexuales; del mismo modo, muchos educadores de corte pragmático han adoptado la misma actitud a raíz de sus experiencias con los niños. Quienes mantienen un criterio científico al abordar la conducta humana encuentran imposible tachar ningún acto de pecado, porque se dan cuenta de que todo tiene su origen en la herencia y en el medio; es mediante el dominio de estas causas, más que mediante la denuncia moral, como logran evitarse las conductas nocivas para nuestra sociedad.

A la hora de buscar una nueva ética de conducta sexual no debemos dejarnos dominar por las antiguas pasiones irracionales que dieron origen a la antigua ética; pero debemos reconocer que pueden haber dado lugar a algunas aportaciones válidas, aunque sea accidentalmente, y debemos tenerlas en cuenta. Lo que nosotros podemos hacer en positivo es preguntarnos qué reglas morales son las que contribuyen a la felicidad humana, sin olvidar que sean las que sean, es muy improbable que se observen universalmente. Por eso conviene considerar los efectos que van a tener esas reglas en el mundo real, no los que tendrían si fuesen absolutamente eficaces.

  

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