|
Los sentimientos de pudor que rodean a las relaciones sexuales entre las personas han ido
intensificándose y cambiando considerablemente con el proceso civilizatorio.
Esto se muestra claramente en la dificultad con que tropiezan los adultos de
las últimas fases de la civilización cuando tienen que hablar con sus hijos de
tales relaciones. Pero esa dificultad se nos antoja hoy algo natural. Hoy pensamos
que, por razones biológicas, el niño no puede saber nada de las relaciones
entre los sexos y que constituye una cuestión extraordinariamente delicada y
difícil ilustrar a los adolescentes sobre sí mismos y sobre lo que pasa en
torno suyo. En realidad, esta situación no tiene nada de natural; antes bien,
es el resultado del proceso civilizatorio, como puede comprobarse en cuanto se
observa el comportamiento correspondiente de los seres humanos en otra fase del
proceso. El destino que sufrieron los famosos coloquios de Erasmo de Rotterdam
nos ofrece un buen ejemplo de lo que estamos diciendo.
(...)
Al observador
de la época contemporánea le resulta extraño que en sus diálogos, Erasmo hable
a los niños de las prostitutas y de las casas en las que éstas viven. A los
hombres de nuestra etapa de la civilización les parece inmoral mencionar tales
instituciones en un libro para niños. Cierto que estas instituciones existen
como enclaves también en la sociedad del siglo XIX y del siglo XX, pero resulta
que el miedo púdico con el que se ha cubierto la totalidad del ámbito de los
impulsos de los seres humanos desde pequeños, así como «el anatema del
silencio» que ha recaído sobre estos temas en el trato social, son absolutos.
La mera mención de estas opiniones y de tales instituciones en el trato con los
niños es un delito, una corrupción del espíritu infantil; y, por lo menos, una
falta de condicionamiento del peor tipo.
En tiempos de Erasmo era
perfectamente natural que los niños supieran de la existencia de estas
instituciones. Nadie trataba de ocultárselas. En todo caso se les avisaba del
peligro que suponían; precisamente lo que hace Erasmo. Si nos limitamos a leer
únicamente los libros pedagógicos de la época, entonces, en efecto, parece como
si la mención de estas instituciones sociales fuera solamente una ocurrencia de
algún autor aislado. Pero cuando recordamos cómo los niños vivían con los
adultos; cuando vemos qué delgado era el muro de intimidad que separaba a unos
adultos de otros y, también, a los adultos de los niños, entendemos que estas
conversaciones, como las de Erasmo y las de Morisotus, en realidad se remitían
de modo inmediato a las pautas sociales dominantes en su época. Los autores tenían
que partir del hecho de que los niños lo sabían todo; esto era algo natural... La
tarea del educador consistía en mostrarles cómo tenían que comportarse frente a
estas instituciones sociales. (...) Hasta cierto punto lo mismo cabe decir
de la relación sexual en general, incluso de la matrimonial. Podemos hacernos
una idea de ello considerando las costumbres de la noche de bodas. Al hacer su
entrada en la cámara nupcial, la comitiva iba precedida por los mozos de
honor. La doncella de honor, a su vez, desnudaba a la novia, quien tenía que
despojarse de todas sus joyas. Para que el matrimonio fuera válido era
necesario que los novios entraran en el lecho en presencia de testigos. Esto
es, «se les acostaba juntos». «Cuando en el lecho se ha entrado, el derecho se
ha conquistado». se decía en la época. En la Baja Edad Media fue cambiando
paulatinamente esta costumbre de modo que los novios podían echarse en la cama
vestidos. Por supuesto estas costumbres cambiaban en función de las clases
sociales y también en función de los distintos países. No obstante sabemos que
en algunos casos, como en Lübeck, por ejemplo, este uso antiguo se mantuvo en
vigor hasta los comienzos del siglo XVII. Todavía en la sociedad
cortesano-absolutista de Francia se mantenía el uso de que los testigos
acompañaran al novio y a la novia hasta el lecho nupcial donde éstos se
desnudaban y recibían el camisón de manos de aquellos. Todo esto constituye un
síntoma del cambio de pautas en los sentimientos de pudor suscitados por las
relaciones sexuales. A lo largo de estos ejemplos podemos ver con bastante
claridad el carácter específico de aquellas pautas de sentimientos de pudor que
posteriormente acabarán siendo dominantes a lo largo de los siglos XIX y XX, En
esta época son los propios adultos. los que en gran medida ocultan todo lo
relativo a la vida sexual y la excluyen del trato social convencional; por esta
razón resulta posible, y hasta necesario. esconder con mayor o menor habilidad
esta parte de la vida durante el mayor tiempo posible a los ojos de los niños.
En las épocas anteriores las relaciones sexuales así como las instituciones que
las regulan están mucho más claramente incorporadas a la vida pública; en
consecuencia resulta más comprensible que los niños adquieran conocimiento de
esta parte de la vida desde pequeños. Ni siquiera para asegurar su
condicionamiento (esto es para hacerles alcanzar las pautas de comportamiento
de los adultos} existe necesidad alguna de presentar esta esfera de la vida a
los niños cargada con la misma cantidad de tabúes y de secreto con que hubo de
hacerse en una fase posterior de la civilización, en correspondencia con el
cambio en las pautas de comportamiento.
|