La tarde del 23 de septiembre de 1889, un aprendiz de zapatero de dieciséis años
(W) cogió un ganso que había en el jardín del vecino y se ayuntó con él hasta que el vecino lo sorprendió. Cuando este se lo reprochó, W respondió: "¡Vaya! ¿Pero qué es lo que pasa con este ganso?", y luego se fue.
Durante el interrogatorio confesó el acto, pero se disculpó alegando un estado de incapacidad mental momentánea. Desde que a los doce años
tuvo una enfermedad grave había sufrido ataques varias veces al mes, con sensación de calor en la cabeza
y una intensa excitación sexual, durante los cuales no sabía lo que hacía. Alegó haber cometido el acto de bestialidad durante uno de dichos ataques. Sin embargo, en el juicio afirmó no recordar nada de lo ocurrido, excepto por las declaraciones del vecino.
Su padre declaró que W procedía de una familia sana, que siempre había sido enfermizo desde que sufrió un ataque de escarlatina a los cinco años y que, a los doce, tuvo una enfermedad cerebral febril. W gozaba de buena reputación: era buen estudiante y después de la escuela ayudaba a su padre en el trabajo. No acostumbraba a practicar la masturbación.
El examen médico no estableció ningún defecto moral ni intelectual. El examen físico mostró unos genitales normales, con el pene bastante desarrollado y una marcada exageración de los reflejos patelares. El resto dio resultados negativos.
La condición del paciente en el momento del acto no fue tomada en cuenta. No se demostró la existencia de ataques previos de perturbación mental y no padeció ninguno durante las seis
semanas en que estuvo sometido a observación. No se encontraron señales de perversión del impulso sexual.
El diagnostico medico sugirió la posibilidad de que alguna causa orgánica (una congestión cerebral producida por alguna alguna enfermedad cerebral) pudiera haber ejercido su influencia en el momento en el muchacho cometió el hecho delictivo.