"Hace algún tiempo me atrae mucho el olor del pie de mis compañeras de trabajo: cuando se quitan en la oficina los zapatos o las sandalias emiten un olor suave y dulzón, y eso me provoca erecciones potentes. Luego con mi pareja necesito ese olor. A ella le extraña que tenga que oler sus manoletinas y sus pies. Ahora lo utilizamos como juego erótico, pero antes no me pasaba. ¿Saben si esto es normal? He leido que se llama fetichismo del pie femenino y les pasa a muchos hombres, de hecho en internet hay videos. ¿Es normal entonces que me excite yo con ese olor?
Cierto grado de fetichismo es habitual en las relaciones cotidianas. Hay personas que se sienten muy atraídas por el olor o la forma de alguna parte del cuerpo (los pies, las manos, las caderas o los sobacos...) por el pelo facial o corporal (bigote, barba, moño, trenzas ...) por prendas de vestir concretas (ligas, calzoncillos, zapatillas ...) Esas peculiaridades del deseo suelen originarse en experiencias personales: en algún momento del pasado se asoció un alto grado de excitación con ese estímulo concreto. A veces el origen está en la infancia y la persona puede no recordar su origen con claridad; en otras ocasiones por un estímulo muy intenso recibido a traves de la televisión, o por una vivencia real muy excitante.
Esas preferencias que guian nuestro deseo no tienen por qué ser problemáticas de por sí: pueden dar lugar a juegos muy agradables con la pareja siempre que la otra persona sea cómplice de esas fantasías y se queden en lo que son: un juego para ampliar el placer general de la relación. Sin embargo, hay casos en que sí pueden dar lugar a problemas porque afectan la esfera personal o social.
Si se necesita obligatoriamente tener el estímulo que da el objeto fetichizado para obtener respuesta sexual, eso puede empobrecer mucho nuestras relaciones. Por ejemplo, si alguien fetichista del bigote deja de sentir atracción por su pareja cuando se lo afeita. En el caso que usted nos expone, si no siente ninguna motivación por su mujer un día que vaya descalza o no le huelan los pies porque están en la piscina o la playa... habría que plantearse que algo está fallando.
El fetichismo también es problemático cuando se siente malestar por ello, y cuando lleva a conductas que causen problemas familiares o sociales: robar objetos para deleitarse con ellos, molestar a otras personas, dedicar un tiempo excesivo buscando estímulos por la calle o por internet, coleccionar obsesivamente el objeto fetichizado.... en vez de dedicarse a actividades más interesantes.
En estos casos lo mejor es acudir a un sexólogo que le ayude a comprender la raíz del problema, a poner los límites adecuados y a encauzar mejor su deseo.
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